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Bogotá es una ciudad enorme, sucia, fea y caótica. Y en eso dice Juan Pablo que reside su belleza. En todos los rincones hay un motivo de fotografía, desde las escenas más tétricas, a las más bonitas postales de amor. Bogotá no deja indiferente; nadie dice: psss, está bien, sin más. “Atrapa” con sus trancones (interminables atascos en las principales vías a todas horas) y reconforta con la amabilidad de la gente, dispuesta a ayudarte. Educada no sólo por convicción sino -valga la redundancia- por educación.

A Bogotá llegamos hace escasos días, aunque ya la conocíamos (poco). Porque son casi 8 millones de habitantes, más los desplazados del conflicto, que esos parece que el gobierno no los cuenta, y es el sitio más grande al que hemos ido. Bogotá es caótica hasta en el clima (llueve, hace sol, hace viento, vuelve a llover, hace frío… y todo en tan sólo 4 horas). No recuerda para nada a Europa, ¡y eso nos gusta! Tiene sus reglas, su forma de habitarse, su ritmo (uff, su ritmo) No es mejor ni peor que otras. Es la que hemos elegido para vivir para comenzar una aventura a la que le vamos a echar todas las ganas que puedan nuestras tripas y porque quien no arriesga no gana. Bogotá es para nosotros porque queremos comprenderla. Esperamos de ella que nos de esa oportunidad que tanto deseamos.

Texto: Ángela Verge
Fotos: J. Pablo Alemán

 

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