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Yo nunca he estado, eso vaya primero, pero dice San Google, que la temperatura media de la capital noruega en octubre oscila entre los 6 y los 10 grados. Vamos, para los que hemos vivido siempre al abrigo de un sol atronador, todo aquello que baje de los 14 grados básicamente supone nuestra muerte. Así que resumiendo, dentro de un mes, en Oslo, hará un frío del carajo.

Y en ese clima dará el pistoletazo de salida el proyecto más ambicioso para la república colombiana de los últimos 10 años. Colombia, un país que raramente conoce lo que es el frío de verdad, el de los Fiordos. Hoy lo anunciaba en sus minutos de gloria un presidente Juan Manuel Santos que lo más interesante que ha dicho, a mi modesto parecer, es que el diálogo durará “meses, no años” Amen hermano. Si se trata de no cometer los errores pasados, éste debería de ser uno de ellos. No porque el problema, un conflicto de más de 50 años, lo vayamos a solucionar en dos días, sino porque a un proceso de esta magnitud se ha de ir con las ideas muy claras de lo que se quiere conseguir. Y dilatar las cosas que no se van a dar significa prolongar una agonía y unas esperanzas que son escasas en estos días. Santos evidentemente hizo lo que tenía que hacer. Habló con su planta de político impecable, y le dio a parte de la audiencia lo que quería, recalcando que las operaciones militares no cesarán, porque las FARC puede llevar acabo en este período nuevos atentados. No puede ni quiere mostrarse como un gobierno débil, algo que le critican muchos de sus detractores. Los que no somos colombianos no vemos en Santos una persona débil en absoluto. El presidente hizo su papel.

Minutos más tardes, el actual cabecilla las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas, Rodrigo Londoño Echeverri, conocido como Timochenko daba desde Cuba (vaya usted a saber cómo llegó él allí tan facilmente) un discurso esculpido con las más profundas y añejas raíces marxistas, salpimentado con el populismo adecuado, donde se escuchó una retahíla importante de mentiras, y frases que hacían daño a los oídos, pronunciadas por un individuo que tiene a sus espaldas una buena cantidad de muertes. También le dio a sus simpatizantes lo que querían. Mostró firmeza, pero afirmó afrontar con “optimismo” este nuevo reto, y querer “marchar por la paz y por la construcción entre todos de un nuevo país” A los que amamos un poquito la integridad y la dignidad humana, las palabras de Timochenko nos revuelven las tripas, porque sabemos lo que ha hecho esta guerrilla a favor de “la construcción de la paz” sobre todo en los últimos 20 años. Pero sí, al igual que Santos, hizo su papel.

Así que llegamos a un panorama de arenas movedizas, donde rezamos para que el objetivo sea mayor que los egos personales, que los hay y de qué tamaño.

Pido un proceso limpio, donde se vaya a buscar el pacto, el consenso, no a pasear noventa asesores políticos por la fría Oslo durante meses, tirando por el retrete dinero del honesto contribuyente, y su energía para conseguir un futuro mejor para sus hijos. Yo soy muy escéptica con esta nueva andadura, demasiados agujeros en el bizcocho antes de hornearse. Pero en el fondo, en la parte más profunda de mis intestinos deseo que salga bien.

Les dejo el documento de acuerdo que firmaron el gobierno y las FARC, y que se ha hecho público. Hay que leerlo bien, porque por ahí van los tiros, y espero que esta expresión no sea literal.

Pensaba hablarles también de la reacción del presidente Obama que, como siempre, se alegra de lo bueno, y se pone triste con lo malo. Pero no merece mucho la pena.

Lo que sí no aguanto más es que se le dedique una noticia entera a las declaraciones del expresidente Álvaro Uribe al respeto. Primero porque pone piedras en el camino cada vez que puede, no por el bien del país, sino para seguir en la palestra. Y segundo, y más importante, porque ya no es presidente de Colombia. Y parece que no se ha enterado.

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